Filosofía y ciencia al servicio de los derechos humanos
ENTREVISTA/ Cristina Bicchieri
No es suficiente con tener buenas intenciones, o apenas buenos modelos; el activismo de derechos humanos y de paz requiere hoy la ayuda de filósofos y científicos sociales, para descubrir cómo se pueden motivar cambios en el comportamiento y las prácticas, tanto a nivel local como mundial. Cristina Bicchieri, profesora de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Pensilvania y autora de varios libros sobre ética y toma de decisiones, habló con Comunidad Segura sobre la adaptación de metas a las realidades locales:
“Las personas actúan de acuerdo con el comportamiento que se espera de ellas; miden sus acciones en las expectativas que tiene su comunidad. Si se estudian estas expectativas, se pueden promover cambios.” La filósofa y científica social considera que para generar cambio, se requiere una nueva perspectiva: “lo que hay que hacer es trabajar caso por caso. Hay que estudiar las normas, actitudes y valores de estas personas y trabajar desde la base hacia arriba, no desde el tope hacia abajo; hay muchos programas fallidos por esto. En Estados Unidos, por ejemplo, si alguien llega diciendo que se han violado los derechos humanos, la actitud inmediata es promulgar una ley contra esto, pero como decía, lo recomendable es trabajar caso por caso, no de manera general”.
Biccheri nos dice en esta entrevista exclusiva cómo, el entender las normas sociales, condujo a la ONG Tostan a erradicar la mutilación genital femenina en Senegal; discute la conexión entre pandillas violentas y la falta de comunicación y finalmente, habla del efecto de la violencia en los medios.
Su trabajo se encuentra en la intersección entre filosofía, sicología y economía ¿sobre qué es su investigación?
En particular, mi trabajo reciente es acerca de normas sociales y he hecho experimentos de comportamiento para entender lo que hace a la gente obedecer o desobedecer una norma social y lo que he descubierto es la importancia que tienen las expectativas.
¿Cuál es la importancia de las normas sociales para los activistas de paz y de desarrollo?
Escribí un libro sobre normas sociales e hice muchos experimentos. En determinado momento, Unicef se interesó muchísimo en la investigación ¿Por qué? Cuando empezaron a implementar los Derechos Humanos, DDHH, se dieron cuenta de que los DDHH están siempre plasmados en algo concreto. Se lucha por los derechos de las mujeres, de los niños… Lo que se hace es identificar prácticas negativas, violaciones de derechos obvias, grandes, como matrimonio infantil, mutilación femenina, explotación sexual infantil, turismo sexual, etcétera. Hay países, como Kenia, que tienen leyes contra esto. Sin embargo, estoy hablando de casos en los que la gente hace malas elecciones, o que siguen normas sociales que llevan al incumplimiento de derechos. Yo estudio cómo estas normas afectan el comportamiento.
¿Usted tiene un a teoría sobre por qué la gente decide obedecer normas sociales?
La gente se ha basado en las expectativas. Cuando uno se pregunta a sí mismo, ¿cómo debo comportarme? uno busca qué es lo que se espera de uno. Hay dos tipos de expectativas: están las expectativas empíricas, que son aquellas que se dan cuando buscamos alrededor y observamos cómo se comporta otra gente o se nos dice cómo se comportan otros. Es una información muy importante. Luego están las expectativas normativas, ligadas a normas sociales, que me dicen lo que yo pienso que otra gente espera que yo haga, lo que yo creo que otra gente cree que yo debo hacer. Si se quiere generar un cambio, se debe estar consciente de esto.
¿Pero cómo se mezcla esto con el tema de obedecer leyes?
Es muy importante distinguir normas sociales de normas legales, que son las leyes y están escritas, codificadas y respaldadas por sanciones legales. Las normas morales, por otro lado, son como valores personales, a uno no le importa mucho lo que otros piensen o no, yo creo que hago lo que es correcto.
¿Qué son normas sociales?
Son normas de reciprocidad, normas de imparcialidad, tratan de cómo dividir de una manera justa, son normas de cooperación, dado que lo que hacemos o no hacemos depende mucho de lo que esperamos que otra gente haga o no haga.
¿Se puede llevar la ética de la gente al laboratorio?
Yo evalué cómo las personas seguimos normas y lo vi muy claramente en un experimento. Pude afectar la manera como un individuo elige comportarse al decirle a él o ella diferentes cosas sobre cómo otra persona se comporta en circunstancias similares. Por ejemplo, le digo a algunas personas que la mayoría de personas son muy egoístas y nuestro sujeto experimental se comporta de manera muy egoísta pero sí le digo al sujeto experimental que la mayoría de las personas son generosas, entonces se comportara de manera más generosa.
¿Cambian su comportamiento porque ven en usted una figura de autoridad?
No. Yo cambié la información que les es proporcionada a ellos indirectamente, a través de un computador…
¿Así que todos los individuos son fácilmente manipulables?
Veámoslo de este modo: la mayoría de las personas puede ser influenciada. Existe aquello que llamamos distribución en forma de campana, o sea, yo veo a la población general y veo que hay dos grupos minoritarios (uno en cada extremo de las curvas de la campana) a un lado hay gente muy buena (que actúa generosamente) y en el otro extremo, gente muy egoísta. No importa lo que yo les diga a estos dos grupos, aún así actuarán de acuerdo con sus propias motivaciones. Ahora, yo diría que cerca del 90% de las personas son influenciables para ser más o menos generosas en su comportamiento, dependiendo de la información que yo les dé. Esas personas cambian. Yo uso las mismas personas en diferentes experimentos y con información diversa y es sorprendente cómo cambian, la misma gente… Esto se debe a que ellos ajustan sus comportamientos para encajar con lo que se espera de ellos.
¿Usted considera que esto aplica a diferentes países y culturas?
Ha habido experimentos de comportamiento hechos por antropólogos y los resultados no son diferentes a estos ejemplos. Tomemos el caso del juego del ultimátum, que nos dice cosas interesantes sobre normas similares y resultados opuestos en diferentes países, como Estados Unidos y Papúa Nueva Guinea.
Aquí en Brasil decimos que hay leyes que ‘pegan’ y leyes que ‘no pegan’, ¿cómo afecta esto la protección de los derechos humanos?
Absolutamente, es cierto. Lo que sucede es que los trabajadores de derechos humanos empiezan a dares cuenta de que es muy importante entender cómo ciertos países apoyan indirectamente malas prácticas. Por ejemplo, yo estaba discutiendo seriamente sobre Kenia, miré cuidadosamente estudios de Unicef en que los que había informantes y entrevistas realizadas en poblaciones. Dos factores importantes son el estatus de las mujeres y los niños. Las mujeres son consideradas inferiores a los hombres, lo que contribuye a la explotación sexual. Y en segundo lugar, los niños son sirvientes de la familia, y por ello se espera, por ejemplo, que un buen hijo o una buena hija contribuyan financieramente a la familia. Vender sexo es muy rentable por ello muchas familias están orgullosas de que una hija tenga un hombre temporalmente pagando por sexo, así puede comprar un refrigerador.
Pero las mismas familias ven a sus hijas enfermas de Sida, violadas, embarazadas y entonces las rechazan…
Lo que sucede es que si tu vas y les dices, esto es una violación de los derechos humanos, tu no tocas la comunidad, no es un lenguaje que ellos entiendan. Así que les haces entender que estas prácticas matan, básicamente ponen la vida de la hija en riesgo, y un buen padre no quiere que su hija muera.
Lo que hay que hacer es trabajar con las normas locales. No se desafía la norma de que una hija hacendosa hace algo por la familia. Pero también se toma en cuenta que una buena norma es que la familia cuida de sus niños. Entonces lo que se hace es recategorizar estas malas prácticas al ir en contra de la norma a la que estas prácticas se aferran tanto.
Esto es muy ajeno a la costumbre estadounidense. Si alguien llega diciendo que se han violado los derechos humanos, lo que se hace allí es expedir una ley en contra de esto. Lo que se debe hacer es trabajar caso por caso. Hay que estudiar las normas, las actitudes, los valores de esta gente y trabajar desde la base hacia arriba, no desde el tope hacia abajo; hay muchos programas fallidos por esto.
Usted mencionó el caso sobresaliente de la erradicación de la mutilación genital femenina en Senegal, por parte de Tostan ¿es ese el método ideal?
Ese es el caso de Tostan, conducido por Molly Leching. Ellos trabajan en el tema de la mutilación genital femenina. Fueron a poblaciones, estudiaron las redes sociales, quién habla con quien, como se comunican unos con otros, como se disemina la información y en segundo lugar, una vez sabía eso, reunieron a la gente, especialmente los mayores más importantes y empezaron a hablar con ellos, no sobre derechos humanos, sino sobre el hecho de que la mutilación genital realmente no soluciona sus problemas, no es buena para las niñas porque sufren mucho cuando tienen sexo y pueden morir cuando dan a luz; pueden morir por la mutilación misma por infecciones y si las familias aman a sus hijas, es mejor no hacerlo.
¿Pero qué es aquello que hace el modelo de Tostan tan exitoso?
Lo importante aquí es que ellos no hablaron con la gente de manera individual; tuvieron una discusión enorme con la comunidad entera. Así, todo el mundo fue involucrado y cada uno pudo ver al otro y lo que estaban diciendo. Al final, tuvieron que hacer una promesa pública. Como dije antes, las expectativas empíricas son importantes. Tengo que observar lo que la gente hace o va a hacer, de otro modo, por qué debería yo el único que no hace la mutilación genital en mi hija, que a causa de esto luego no encontrará un esposo. Molly fue muy inteligente y cuando reunió a todas estas personas para hacer una promesa pública, está trabajando al nivel de las expectativas. Los pobladores están viéndose unos a otros mientras hacen la promesa. Esto es interesante: normalmente, las niñas se casan con personas de poblaciones diferentes, así que la red crece y de esta manera este cambio se replica en poblaciones cercanas. Básicamente, fue muy exitoso en Senegal al eliminar completamente la ablación.
Si se quieren promover los derechos, hay que promover la asertividad, las capacidades de las mujeres y de los niños; pero no hay que aparecerse allá y decir que se necesitan leyes para apoyar los derechos humamos, porque esto no va a funcionar, punto.
Este es el caso cuando todos los actores son locales e interactúan unos con otros, pero hay otros casos cuando actores locales están en desventaja como por ejemplo el turismo sexual que llega del hemisferio norte…
Hay dos lados en un Mercado, está la demanda y la oferta y hay que actuar sobre ambos. LA experiencia de Kenia es interesante, ellos promulgaron normas contra la prostitución infantil pero arrestaron a los niños. El resultado: un niño que es violado o golpeado por un usuario de prostitución infantil nunca irá a la policía pues está aterrorizado de ser arrestado. Hay que tener una ley que sólo castigue al perpetrador, al europeo que va allá y paga por sexo debe ser castigado, debe ir a prisión. Hay que actuar en ambos lados: por una parte, el perpetrador, la demanda y por el otro, hay que trabajar con la oferta, hay que trabajar con la comunidad de padres, etcétera.
El asunto de la violencia armada, que involucra jóvenes… ¿Cómo aplicar esta idea de las normas sociales a las pandillas o niños combatientes?
Una cosa muy interesante es que se espera mucha violencia de los individuos que son miembros de pandillas. Un gran número de estudios en Estados Unidos han conducido entrevistas con miembros de pandillas que al ser entrevistados de manera individual, muy frecuentemente manifiestan no estar contentos con la violencia y con el comportamiento que ellos piensan se espera de ellos. Pero ellos pensaban que eran los únicos que tenían estos pensamientos y que por ello estaban en una posición vulnerable. Esto es lo que se llama ignorancia pluralista en sicología social. Mucha gente en un grupo está en desacuerdo con las normas del grupo, pero no hay transparencia ni comunicación. Ha habido estudios no sólo de pandillas jóvenes sino de grupos religiosos muy estrictos, con normas muy rígidas, que al ser entrevistados en privado muestran sus desacuerdos. Estas son todas situaciones de grupo en que no hay una comunicación transparente y la persona teme ser aislada. Funciona así: ‘creo que esto está mal, pero veo que todo el mundo lo hace y asumo, por sus actos, que es correcto’. Una política apropiada aquí sería romper el aislamiento de los miembros de la pandilla y hacer público este rechazo a la violencia.
¿Usted es optimista con respecto al futuro? Usted está en Brasil de visita para un encuentro sobre crimen transnacional, tráfico de seres humanos…
Bueno, pienso que la mayoría de estas cosas han ocurrido siempre. Lo que sí tenemos ahora es un acceso a la información sin precedentes, esto es nuevo hoy día. Esto también me hace sentirme optimista de que podemos promover el cambio de malas prácticas. También creo que los gobiernos, las ONGs como Unicef y la sociedad civil deben trabajar no sólo con la demanda, sino también con la oferta. Si trabajas de la base hacia arriba, generarás cambio.
Usted habla de la importancia de la información, de saber lo que hacen otros para crear expectativas ¿cómo ve el rol de la violencia en los medios, la manera como esto moldea el comportamiento?
Para mi el asunto no es tanto si el comportamiento es violento sino como ese comportamiento es premiado. Hay un pathos hacia la noción de que el buen comportamiento sí paga.







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